BIOMA LATENTE: LA SUTURA
La red de vida continua subyace a toda fractura urbana. Tras dos décadas de diagnosticar la tensión entre el cuerpo humano y la administración rígida de la ciudad contemporánea, la práctica actual abandona la observación para ejecutar la reparación. Diseñar no es imponer una geometría sobre el terreno; es leer el palimpsesto territorial, desplazar el antropocentrismo y ejecutar una sutura técnica que reactive los ecosistemas habitables. El confort es la sintonía fenomenológica con el entorno.
El Bosque Aparece
2024. Puericultorio Pérez Araníbar. Con Augusta Pastor.
El bosque no se planta; aparece al activar las condiciones de un palimpsesto olvidado.
La intervención opera sobre una preexistencia histórica cargada: el Puericultorio. No añade volumen; añade conexiones. El trabajo reside en el diseño del drenaje y la selección de especies para la restauración de suelos, creando un sistema capaz de auto-sostenerse sin mantenimiento industrial. Sanar el suelo del Puericultorio es sanar su memoria institucional — el Bioma Latente activado sobre el abandono.
Dispersión
Tarija, Bolivia, 2025. Bienal Sur.
La semilla no pide permiso para germinar; toda dispersión es un acto político de regeneración territorial.
Performance de siembra en espacio público. Una carretilla cargada de semillas y sustratos recorre Tarija como dispositivo de restauración itinerante. La acción conecta directamente con la investigación de campo en las yungas bolivianas (2024–2025), donde la destrucción de cuencas amazónicas por minería de oro y mercurio documenta la urgencia de lo que aquí se ejecuta a microescala: el cuerpo del artista como vector biológico, la siembra como acto de sutura territorial.
Ecosistema Doméstico
Lima, 2022. Con Augusta Pastor.
El hábitat humano no es el opuesto de la naturaleza; es un nodo dentro de un ecosistema que hemos aprendido a ignorar.
La intervención sustituye la asepsia del espacio habitable contemporáneo por una lógica de porosidad: aire, humedad, luz y flora invaden el perímetro doméstico no como decoración sino como sistema operativo. Los materiales locales y las especies nativas funcionan como agentes activos. El confort no es aislamiento del entorno sino integración con él.
Planeta Fitocéntrico
São Paulo, 2023. Con Augusta Pastor.
El espacio habitado debe diseñarse desde la lógica de la planta, no del ser humano.
Un sistema de vivarios que replica biomas brasileños a escala doméstica. La arquitectura funciona como infraestructura de soporte para la vida vegetal, invirtiendo la jerarquía donde la flora es subordinada al volumen construido. Exportada de Lima a São Paulo, la obra establece que la visión fitocéntrica no es un localismo peruano sino un principio operativo universal.
Mientras tanto
Lima, 2022. Con Augusta Pastor.
El bioma no espera a que el edificio caiga; lo precede. Sembrar en lo que va a demolerse es declarar que la vida latente del lugar ya no negocia con el hormigón.
Fosas abiertas en la losa de concreto del jardín de un edificio destinado a demolición. Plantas sembradas como si hubieran irrumpido por su cuenta, forzando su camino a través de la fractura. La intervención no restaura ni conserva — acelera la sucesión ecológica en un sitio que el mercado inmobiliario ya sentenció. El jardín no sobrevivirá al edificio, pero la demostración queda: bajo cada metro cuadrado de losa, el bioma latente espera
EL PUENTE TÁCTICO
La Nave Terca: El éxodo
Lima, 2022 / Santa Cruz de la Sierra, 2023.
Cuando la estructura urbana colapsa, la supervivencia exige el nomadismo. La arquitectura debe funcionar como un andamiaje para la sucesión ecológica: la obra es el proceso, no el producto.
Estructura rodante de tracción manual de 11 metros. Chasis metálico, madera rescatada, plantas vivas, carrizo, semillas en contención. La máquina ya no desplaza al humano para conquistar la geografía; subordina el esfuerzo físico humano para evacuar la materia vegetal de la extinción urbana. Es la frontera material entre la ciudad que se diagnostica y el ecosistema que se sutura — el artefacto que conecta veinticinco años de lectura territorial con la práctica regenerativa actual.
La Fractura
Dos décadas de obra que leyeron la ciudad, interpelaron su rigidez y hackearon su precariedad. Torre, pirámide, barriada, puente, cancha, barricada: tipologías del urbanismo residual llevadas a la escala de la instalación para diagnosticarlas, no para romantizarlas. Sin esta fractura, el Bioma Latente no existiría.
Barricadas simbólicas
Lima, 2018 / Madrid, 2018.
La ciudad invisible no necesita escala monumental para revelar sus fracturas; basta una radiografía a mano alzada.
Esculturas en cobre que operan como radiografías arquitectónicas a escala reducida. Cada pieza aísla un fragmento del paisaje urbano invisible de la Panamericana Norte: casetas de vigilancia que se desintegran antes de la llegada del vigilante, cercos de púas oxidadas que separan la nada de la nada. El cobre — principal recurso de la economía extractiva peruana — funciona como conductor literal y simbólico. Presentadas simultáneamente en Lima (Galería 80M2) y Madrid (Galería Ponce + Roble), la misma familia escultórica obliga a dos públicos a confrontar la producción global de periferia.
Campo desigual / Uneven field
Glasgow, 2017. Glasgow International.
El diseño no es un acto neutro; es una herramienta de coacción física que traduce la inequidad a la escala del cuerpo.
Manipulación de la topografía y los ejes compositivos de una cancha de fútbol estándar. Desniveles y desvíos geométricos que imponen una topología del impedimento. La pieza traslada la lógica de la exclusión espacial de Lima al terreno domesticado de Glasgow: al forzar al usuario a habitar una geometría que altera su percepción de la norma, la arquitectura deja de ser contenedor neutral para convertirse en el agente que penaliza al individuo.
Tierra ébria
Lima, 2017. Atopia, Fundación Thyssen-Bornemisza / MAC Lima.
El residuo urbano no es basura; es el material de construcción de una liturgia propiciatoria ante la modernidad fallida.
Zócalo arqueológico de tierra apisonada, escombros, herramientas de demolición y botellas de cerveza industrial. El vidrio actúa como inclusión en la matriz de escombros, alterando la cohesión del bloque. La pirámide que remitía al poder colonial se vacía y se reconstruye como objeto anti-ritual: la cerveza industrial, símbolo de la transculturación urbana, es enterrada como sacrificio. El futuro está suspendido y lo único que crece es la ruina.
La gravedad local
Lima, 2016. Galería 80M2.
Todo territorio ejerce una fuerza gravitacional propia; medirla es el primer acto de comprensión del lugar.
Conjunto de instalaciones que operan como instrumentos de calibración territorial. Cada lugar posee un campo gravitatorio cultural, material y ecológico que condiciona la forma en que lo habitamos, lo construimos y lo destruimos. Las piezas no representan el paisaje; lo pesan. La gravedad local es la fuerza que el urbanismo especulativo necesita anular para operar — el peso simbólico de la materia existente, la inercia de las tradiciones constructivas, la resistencia del suelo.
Puente
Nueva Jersey, 2014 / Porto Alegre, 2015. Mana Contemporary / X Bienal del Mercosur.
Un puente que no conecta puntos geográficos sino que articula un vértigo político: la discontinuidad de lo humano como paisaje minado.
Madera de desecho, cuerdas de polipropileno y fibras naturales. 22 metros de longitud. La fibra de madera en su límite elástico, sometida a tensión controlada mediante nudos y cuerdas — la estabilidad no es pasiva, es gestión activa de fuerzas en equilibrio precario. Una vía que no conduce a ningún destino: la catástrofe de la modernidad latinoamericana expuesta como cicatriz tensa que amenaza con colapsar bajo el peso de sus propias contradicciones.
Frontera
Lima, 2014. Art Lima.
La maquinaria de vigilancia pierde su objeto cuando colapsa bajo la inercia de su propia paranoia.
Dos torres de observación en madera forzadas al fallo estructural inminente. Sus ejes han cedido hasta encontrarse en el centro, sosteniéndose mutuamente en un punto de equilibrio límite. Instalada sobre un recinto militar, la arquitectura deja de ser infraestructura de defensa para volverse símbolo del absurdo geopolítico: la línea divisoria no separa a las naciones, sino que las congela en una dependencia basada en el riesgo de caída compartida.
Torre
Lima, 2011 / Bogotá, 2013. La otra Bienal.
La arquitectura de la «sociedad del malestar» no busca el equilibrio; administra la tensión por el último centímetro de suelo.
Ladrillo, concreto, madera, lonas. 13 metros de altura. Una estratificación ascendente del precarismo: la materialidad se degrada en función de la altura, desde la albañilería pesada hasta la fragilidad de la lona plástica. Las escaleras exteriores no integran los niveles; los aíslan en compartimentos estancos sin comunicación interna. El esqueleto expuesto del urbanismo residual — el afán parasitario de ganar terreno en el eje vertical desenmascara la falsa épica del emprendedor.
Sistema Teóricamente Estable / Theoretically Stable System
Miami Beach, 2013. Art Basel / Bass Museum.
La imitación de la arquitectura de la desigualdad es el mecanismo más efectivo para diseccionar el determinismo urbano.
Concreto bruto. La pieza emula la gramática de la segregación: la caseta de guardia frente a la perrera. La rigidez volumétrica es una ilusión; el detalle constructivo revela la fragilidad del objeto. Al igualar el refugio del custodio humano con el del animal doméstico, la obra inmoviliza la jerarquía social en un objeto estático y denuncia que el equilibrio social es, en efecto, solo teórico.
Estructura excéntrica
Lima, 2014. Lugar de la Memoria (LUM).
La geometría sagrada no sobrevive a la administración del miedo; la chakana es hoy una constelación de casetas de vigilancia.
Chakana monumental ensamblada con casetas de guardianía y casas de perro, instalada en el techo del Lugar de la Memoria. La cruz andina — símbolo de orden cósmico — se reconstruye con la arquitectura del control doméstico y la segregación: el mismo vocabulario de Sistema Teóricamente Estable escalado a símbolo territorial. Sobre un edificio dedicado a la memoria de la violencia política, la pieza señala que la vigilancia no terminó con el conflicto; se domesticó.
Balcón
Lima, 2013. Galería 80M2.
El balcón limeño es una ficción colonial que la ciudad se niega a dejar de interpretar.
Réplica ilusoria de un balcón limeño construida con restos de obra e instalada sobre la fachada de la galería. La pieza invierte la lógica del patrimonio: donde el centro histórico restaura la cáscara para simular una continuidad que no existe, Balcón expone la tramoya — la misma arquitectura del ornamento, construida con el mismo material del escombro. La distinción entre patrimonio y precariedad es solo una capa de pintura.
La Arqueología y la Arquitectura
Lima, 2013. Sala Luis Miró Quesada Garland.
La arqueología no descubre el pasado; excava el presente. Toda infraestructura urbana es un yacimiento activo.
Esculturas que extraen fragmentos de la infraestructura urbana cotidiana y los presentan como especímenes arqueológicos. Cada pieza opera como corte transversal: el perfil de un muro, el esqueleto de una escalera, la costilla de una caseta. La ciudad contemporánea es un yacimiento que nadie excava — cada remiendo de concreto, cada capa de pintura superpuesta, cada alambre tensado documenta una microhistoria de poder, resistencia y adaptación.
Colonia Litoral
2012 - 2017
Lima, 2012 / MAC Lima, 2017 (Atopia, Fundación Thyssen-Bornemisza).
La invasión urbana es una respuesta orgánica del territorio; la reclamación fáctica del espacio frente al apartheid del planeamiento.
Disección de la vivienda de emergencia escalada a barrera de 120 metros lineales. Carrizo, bastidores de madera y polietileno industrial a merced de la intemperie y el oleaje. Una barriada fantasma inyectada en el litoral del distrito con mayor valor especulativo del país. La segunda versión, sobre la laguna del MAC, desplaza la pieza del océano al museo: la urgencia del refugio contamina el espacio de la contemplación.
Falsa Pirámide
Lima, 2012. Parque de la Democracia.
El patrimonio monumental, vaciado de rito, es solo un andamiaje esperando ser ocupado.
Madera, lonas y esteras. 12 × 12 × 7 metros. Un zigurat contemporáneo construido con la gramática de la ocupación callejera. La epidermis de lonas tensionadas enmascara un vientre hueco soportado por un esqueleto temporal que emula el módulo de refugio de emergencia. Emplazada en un centro histórico obsesionado con gentrificar sus ruinas, esta pirámide desmitifica el pasado precolombino al cruzarlo con el ansia contemporánea de techo. No existe arqueología intocable; hay una superposición de micropoderes.
Mercado / Bar
Ouagadougou, Burkina Faso, 2013. Residencia Prince Claus Fund.
La arquitectura efímera es un cuerpo inerte hasta que el organismo social la fagocita y la legitima con su uso.
Instalación de madera a dos aguas introducida en un entorno exógeno. El revestimiento ejecuta un gradiente térmico y material que viaja de la solidez al desgaste extremo. La comunidad local la absorbió en días, mutándola de sombra temporal a mercado activo. La imposición artística desapareció voluntariamente, cediendo todo el control a las leyes termodinámicas y al empirismo de la calle.
Manifiestos Provisionales
Lima, 2011. Galería 80M2.
La precariedad no es solo estética. Es también subjetiva. Y sus manifiestos nunca se terminan de redactar.
El acta fundacional. Estructuras creadas por necesidad, parche o error que esconden una intención comunicativa elemental. La materia fluye reubicándose perpetuamente, revelando luchas de micropoderes detrás de muros inestables. Puentes innecesarios sobre puentes inconclusos. Todo lo que vendría después — Torre, Colonia Litoral, Falsa Pirámide — es la expansión de la tesis aquí declarada: la arquitectura de la precariedad no es un accidente, es un lenguaje.
Sant Pau
Barcelona, 2006. Festival Interferencias. Con Pilar Soler.
La sutura no empezó en el paisaje; empezó en la calle. Antes de zurcir suelos, se zurcen comunidades.
Mapeo humano de la calle que dividía el Raval marginal del Raval gentrificado. Los retratos de sus habitantes — sacados puerta por puerta — se desplegaron como banderines a lo largo de toda la calle, atados a los balcones de quienes los cedieron. La operación hizo visible lo que la gentrificación necesita borrar: que la frontera entre los dos Ravales no es urbanística, es humana.