Expediciones de Campo: El Cuerpo como Instrumento de Lectura
El territorio no se lee desde el satélite; se diagnostica con los pies. La investigación territorial exige abandonar la abstracción para someter el cuerpo a la fricción del paisaje. Las expediciones operan como el instrumento primario para registrar la latencia, los flujos y la fractura ecosistémica antes de cualquier intervención.
La Quina
Perú / Ecuador, 2021.
Con Leyda Rimarachín, Marisabel Villagómez, Claudia Coca y Maxim Holland.
Rastreo del árbol de la quina (Cinchona spp.) a lo largo de su rango histórico en el norte de Perú y el sur de Ecuador. La corteza que curó la malaria fue extraída de los Andes durante tres siglos sin dejar reciprocidad. La expedición documenta lo que queda: fragmentos de bosque donde el árbol sobrevive sin que nadie lo busque, rutas de extracción colonial convertidas en caminos ganaderos, y comunidades que ya no reconocen el árbol que alguna vez definió su economía. La quina funciona como hilo conductor para leer la desconexión entre la memoria ecológica de un territorio y la administración de sus fronteras.
Yungas — Black Chickens
Bolivia, 2024–2025.
Con Marisabel Villagómez, Claudia Coca, Chao Gwen Tin y Erika Ewel.
Descenso desde los 4000 metros del altiplano hacia la cuenca amazónica del río Kaka. Lo que la cartografía oficial registra como bosque húmedo es, en el terreno, una cantera a cielo abierto diseccionada por las dragas auríferas. El agua huele a diésel y metal. La expedición obligó a recalibrar la mirada: dejar de buscar el verde biológico para aprender a leer el amarillo del mercurio. Los gallinazos (Coragyps atratus) — los black chickens del título — patrullan como los últimos custodios de un bioma forzado al colapso. Esta investigación alimenta directamente la performance Dispersión (Tarija, 2025) y el manuscrito Bioma Latente.
Caso 01: Gocta
Bosque nublado, Amazonas, Perú. 2018–presente.
Este caso no fue diseñado para demostrar una teoría; la teoría emergió de su resistencia.
Cuatro hectáreas en la cuenca de la catarata de Gocta. Siete años de trabajo que funcionan como el laboratorio donde la metodología del Bioma Latente se construyó en el terreno, no en el escritorio.